Piensa por ti mismo (introducción)

A la mayoría de nosotros nunca nadie nos enseñó a pensar por nuestra cuenta. Esto a primeras puede parecer extraño puesto que, ¿por quién más que por ti mismo podrías pensar? Y por supuesto, tus pensamientos son tuyos en el sentido de que tú los piensas, o al menos en el sentido de que aparecen en el espacio de tu consciencia personal. Pero incluso los pensamientos del más ferviente fanático de Kim Jong-Un, quizás el caso más exitoso de lavado de cerebro, cumplen con esta definición -en ese sentido, este fanático también piensa sus pensamientos. Cuando decimos pensar por uno mismo, no nos referimos a esto, sino que nos referimos a algo más cercano a ¿cuánta intencionalidad propia hay detrás de lo que piensas?

No es necesario aquí llevar el argumento al extremo, y creer que para pensar por uno mismo cada fragmento de lenguaje que se pase por nuestra cabeza tiene que ser una elaboración compleja producto de deliberaciones filosóficas. Lo que sí nos debería interesar es, primero, que los aspectos más importantes de nuestra concepción del mundo y de nosotros mismos sean producto de un proceso del que fuimos parte, y no solo receptores pasivos -o manipulados a creer, como el norcoreano del párrafo anterior. Y segundo, que estas concepciones se mantengan abiertas para revisión y cuestionamiento en el tiempo. Esta es la actitud a la que pensar por uno mismo refiere.

Se ha escrito y hablado mucho sobre métodos para “pensar por ti mismo”, aludiendo principalmente al desarrollo de pensamiento crítico y a tomar consciencia de nuestros sesgos cognitivos. Esto no es central para el enfoque de este libro. A pesar de que volvernos conscientes de nuestros sesgos, aprender sobre nuestras heurísticas mentales y métodos o técnicas de pensamiento crítico es un ejercicio valioso, estoy convencido que es mucho más útil enfrentarse directamente a posiciones e ideas que nos son extrañas, nuevas, inesperadas, contrarias a lo que creíamos. Y permitirnos habitarlas. Explorar cómo se siente ver tu manera de pensar ser transfigurada en tiempo real, es una experiencia más potente que estudiar lógica o memorizar una larga lista de sesgos cognitivos .

Eso es justamente lo que esta recopilación de ensayos pretende. Hacer contacto con algunas de las cuestiones que considero necesarias para una vida examinada, e inyectar momentos donde repensarlas o de pensarlas por primera vez. Varias de las cuestiones contenidas aquí no ocupan muchos metros en la arena pública, y al mismo tiempo, la mayoría me parecen fundamentales para construir un arco de vida que te haga sentido. Este es mi intento por difundir ideas sobre las que creo vale la pena pensar más y pensar distinto -pensar, por uno mismo.

El punto de partida para pensar por ti mismo es conocer un poco mejor la herramienta con que cuentas para pensar: tu mente. No es necesario hacerlo de forma exhaustiva, no es necesario conocer todas las estructuras del cerebro ni cada teoría sobre cómo funciona la mente humana. Estar conscientes de algunos de los aspectos más relevantes de tu mente, como procesador de información, es suficiente. Hoy sabemos, gracias al trabajo de psicólogos cognitivos como Daniel Kahneman y a una abundante literatura, que la mente humana está sobrepoblada de sesgos cognitivos. Que ninguno de nosotros está a salvo de estos sesgos, y que no es solo que caigamos en errores de razonamiento, si no que lo hacemos de forma sistemática, predecible, repetitiva – incluso después de enterarnos de su existencia.

No voy a adentrarme en la fragilidad estructural de la razón humana -sobran libros sobre eso. Tener presentes algunas de nuestras tendencias es suficiente. Deberíamos saber y tener presente, que tendemos a reforzar lo que ya creemos como cierto. Deberíamos ser conscientes de lo extremadamente difícil que nos resulta soltar creencias que forman parte de nuestra identidad. También deberíamos tener en cuenta que muchas de nuestras conclusiones probablemente están equivocadas. Algunos ensayos aquí tratan estos temas, pero no será necesario indagar sobre los detalles y la mecánica de cada sesgo cognitivo particular. Para pensar por ti mismo, más que conocimiento y datos, lo que necesitamos es cultivar una actitud distinta. Renunciar a nuestra arrogancia y volvernos más abiertos, más curiosos, dispuestos a cuestionar todo -incluso aquello sobre lo que creemos saber con absoluta certeza.

Como es el espíritu de este texto, es sólo lógico también cuestionar todo este proyecto. ¿Por qué es importante pensar por uno mismo? Esta pregunta puede ser abordada en distintos niveles. En lo que corresponde a este libro, tiene que ver con el empoderamiento del individuo. Tiene que ver con estar embarcado en un proyecto de vida que te haga sentido. Y pensar por ti mismo es necesario para construir un arco de vida que te haga sentido. Pensar por ti mismo va mucho más allá que formarte una opinión clara sobre alguna política pública. Tiene que ver con explorar tu unicidad como humano y la búsqueda de tu rol en el Planeta. Lo que sea que se acomode a tu individualidad tiene que ser descubierto por ti, para ti. Y para hacerlo, necesitarás pensar por tu cuenta.

Ahora, esto no viene sin riesgos. Y no solo el obvio riesgo de equivocarse. El biólogo de Stanford Robert Sapolsky cuenta la historia de un etólogo que se encuentra estudiando zebras en su hábitat natural. El etólogo observaba a través de sus binoculares una manada de zebras, siguiendo el comportamiento de una zebra en particular. En un momento, el estudiante baja su mirada para tomar notas en su cuaderno, y cuando vuelve a ponerse los binoculares no logra distinguir la zebra que había estado observando del resto de la manada. La masa de incontables rayas blancas y negras le hace imposible distinguir una zebra de otra. Frustrado, para evitar volver a confundirse, el estudiante decide marcar con una mancha de pintura roja a la zebra de la manada que quiere estudiar. No pasa mucho tiempo para que un grupo de leones ataque y devore a la zebra marcada con pintura.

Afortunadamente, los humanos ya no somos presa de leones, emigramos de la hostilidad de la sabana africana hace siglos. Pero la anécdota anterior resalta parte de nuestra motivación y tendencia a acomodarnos a lo socialmente aceptado, a los consensos, a seguir a las masas. Cuando la manada está junta, el pelaje de las zebras las hace muy difícil de distinguir unas de otras para sus depredadores, lo que evita ataques por parte de leones. Mientras que apenas una zebra sobresale del grupo, y puede ser diferenciada del resto, es presa fácil. Hay riesgos en ser diferente. En el colegio se ríen de los diferentes. En las empresas no suelen aceptar a los diferentes. Quedarse dentro de los parámetros de lo considerado normal es casi siempre la apuesta más segura.

Sin embargo, probablemente algunas de las personas que más admiras, son personas que se atrevieron a explorar caminos que otros han dejado a medias, y de encontrar una forma de ser en el mundo única. En algún nivel todos sabemos que esta opción está disponible para nosotros también, que nuestro mayor regalo es nuestra unicidad. Que hay algo central a quién somos, único a nosotros, que tenemos por ofrecer al mundo. Y que este viaje se trata en parte de descubrir eso.

Por lo demás, sabes que cumplir expectativas de terceros nunca podrá realmente llenarte. El riesgo de traspasar las líneas dibujadas y rayar fuera del pizarrón, en búsqueda de tus propias motivaciones y tu propio sentido, vale la pena. Es en este sentido que pensar por ti mismo es mucho más que pensamiento crítico: es parte de buscar tu propósito aquí.

El sistema educacional ha sido en gran medida, y durante demasiado tiempo, un repositorio de información. Una gran biblioteca de datos. Tanto de lo que aprendimos en el colegio tenía que ver con qué pensar, en lugar de cómo pensar. Memorizar, recitar, retener, repetir, afirmar. Rara vez cuestionar, dudar, reflexionar, preguntar por qué no o decir, no sé. Hoy, que tenemos toda la información creada por la especie humana en el bolsillo, esto no tiene mucho sentido. Aprender a pensar por uno mismo es algo que para la mayoría de nosotros queda en nuestras manos por hacer. Revisar por qué pensamos lo que pensamos, cómo damos sentido a nuestra experiencia y qué vale la pena perseguir, es una tarea que cada uno tiene que emprender por si mismo.

Por último, pensar por ti mismo es permitirte salir de los límites de lo convencional, de lo acordado -y esto requiere un grado de rebeldía. Pensar por ti mismo es dar un paso al costado de lo que ya ha sido escrito, dicho, cantado, pintado y bailado. No es un rechazo a lo hecho por otros ni una negativa a toda tradición; es permitirte divagar, experimentar, cuestionar sin trepidar y simplemente ver qué pasa. Es encender tu curiosidad y creatividad probándote distintas tallas de ideas, a veces sin ni siquiera estar buscando la talla correcta. Para encontrar tus propios valores, es necesario desacondicionarte de los valores que te ha impuesto la sociedad. Pensar por ti mismo es permitirte esa búsqueda.

Es importante notar aquí, antes de empezar, que la curiosidad de la que estoy hablando no es una explosión desatada, irrestricta, irracional. Aunque a ratos nos permitamos habitar un modo de ser y de pensar desapegado de toda lógica, donde no unimos puntos en ningún sentido convencional, al momento de aterrizar nuestras ideas es necesario mantenernos fieles a la evidencia, a la lógica y a la razón. De no hacerlo, la realidad nos golpeará en la cara con cada movimiento que la contradiga. Pensar por uno mismo no es un libertinaje de pensamientos incoherentes flotando libres de cualquier restricción, es necesario ser conscientes de nuestras limitaciones mentales y de que existen reglas del juego. Parte de saber pensar por uno mismo es estar continuamente atento a nuestras tendencias a los errores, a nuestra inclinación por confirmar lo que ya sabemos como cierto, a nuestra dificultad para cambiar de opinión y a la pulsión siempre presente por seguir a las masas. Lo que buscamos, son puntos de encuentro entre nuestra exploración libre y personal, y las reglas de una conversación racional consensuada.

Pero nada de esto será tackleado directamente en este libro. Sobrevolaremos temas en apariencia poco relacionados entre sí, desde el nazismo hasta la ingesta de psicodélicos, pero que todos nos presentan puertas de entrada a formas de ser o formas de pensar que probablemente difieren con cómo normalmente habitamos el mundo. Y que nos permiten acercarnos un poco más a una versión más auténtica y madura de nosotros mismos. Sobre cada uno de los temas que abordaremos se puede escribir -y se han escrito- libros enteros; esta no es bajo ninguna medida una exploración exhaustiva de estos temas, es más bien un punto de partida con una mirada fresca para que sigas indagando por tu cuenta. Espero estas reflexiones te orienten hacia un uso más deliberado de tu atención, y hacia resignificar tu experiencia bajo la luz de tu individualidad y no de mandatos externos que puedas haber aceptado de forma automática.